Seguimos igual. Llevo nueve dias de retraso y esto no tiene pinta de cambiar.
Yo hasta ayer estaba todo lo tranquila que se puede estar, teniendo en cuenta que en cuanto me baje, nos dan las pautas para ir a por mis pingüinitos. Pero, como alguna otra vez he tenido retrasos que han quedado en nada, la preocupación era la justa.
Ayer a la tarde, hablando con mi chico, le comenté que igual había que llamar al médico. Porque no fuera a retrasarse esto demasiado, que igual tienen alguna pastilla para provocar la regla, o igual podemos empezar la siguiente pauta sin tener que esperar más.
Y ahí fue cuando me dejó muerta y a la vez, empezaron mis paranoias.
El me confesó que había pensado, un poquito solo, que igual este mes hemos acertado. Porque, insisto en que decía que solo lo había pensado de refilón y me dio datos, fechas de tareas, y otros cambios que había visto en mi.
Por ejemplo, hace tiempo que no puedo tomar café. Una noche me preparó él con todo su amor un café con leche, me sabía fatal y al tercer sorbo tuve que salir corriendo a vomitarlo. Desde entonces, no puedo ni olerlo. Y pensar en el sabor del café me produce arcadas.
No he tenido dolores de cabeza, que son un signo inequivoco de que me baja en un par de días.
Y aunque estoy bastante animada, demasiado para estar con el sindrome premenstrual, pues me irrito fácilmente.
Además, hace un par de noches que, aún dormiendo bien, me despierto continuamente.
Vale, todo esto yo ni lo había pensado, al menos, no le había dado mayor importancia. Y él que no lo había pensado mucho (ja), se ha informado de que todo esto pueden ser síntomas de embarazo.
Y ya ahí me puse a temblar.
Seguramente en un par de días tenga que borrar todo esto y pensar que solo estaba en las ilusiones de mi maridín, pero quien sabe.
¿¿Existirán los milagros??
Leí en algún sitio, que los nacidos bajo el signo acuario tenemos sapos en los bolsillos y estrellas en los ojos. Mi vida ahora es un poco así, los sapos feos, como la realidad en la que vivimos. Las estrellas, esperanza de que lo vamos a conseguir. Dos acuarios unidos en una lucha: la infertilidad.
jueves, 31 de marzo de 2011
lunes, 28 de marzo de 2011
COMER, DORMIR, AMAR...
A esto nos hemos dedicado el fin de semana.
La verdad que necesitamos un parón, dedicarnos el tiempo solo a nosotros.
Hemos paseado mucho, sin prisas, sin horarios. Es curioso, pero aquí nunca sacamos tiempo. Estamos en una zona estupenda para el paseo, mar, montaña, ciudad, pero nada, no lo hacemos.
La verdad que necesitamos un parón, dedicarnos el tiempo solo a nosotros.
Hemos paseado mucho, sin prisas, sin horarios. Es curioso, pero aquí nunca sacamos tiempo. Estamos en una zona estupenda para el paseo, mar, montaña, ciudad, pero nada, no lo hacemos.Sin embargo, en cuanto salimos de aquí, zapatos cómodos y tira millas. Cogiditos de la mano, vamos despacio, observando los edificios, la gente, los paisajes y hablamos. No hay prisa, no hay carreras, y los más importante para mi, no hay despertador.
Destrozamos toda la rutina y nos saltamos las normas a la torera. Nos podemos despertar y quedarnos en la cama un ratito más, o ver la tele. Desayunar tarde y bien, sin prisas. Comemos a cualquier hora, cuando tenemos ganas o hambre, o nos saltamos la comida para después merendar bien fuerte.
Solo han sido dos días, y a pesar de que nos han robado una hora este finde de relax, nos ha venido estupendamente.
Hemos hablado de lo humano y lo divino. Siempre hay cosas que piensas, mañana se lo digo, esta noche no que está muy cansado, o esta conversación se va a alargar, cuando tengamos tiempo.
Pues todas esas las hemos tenido y más. Y nos hemos reido, y mucho. Que también lo necesitábamos.
Por una vez en mucho tiempo no he pensado en qué momento del ciclo estoy, en lo que se nos viene encima o lo que nos quedará por pasar. Simplemente he desconectado.
Hoy ya es peor, volvemos a la rutina, prisas, trabajo, lluvia y dieta. Llevo 7 días de retraso. Esto es un sin vivir. Quién me iba a decir a mi que estaría deseando que me bajara la regla. En fin.
jueves, 24 de marzo de 2011
NO HA SIDO TAN DIFICIL
Ayer por la tarde, después de un largo día de trabajo, me fui a ver a una amiga. Su marido acaba de abrir un local de masajes y me apetecía pasar a verlo, saludarles y ver qué tal les iba. Cuando llegué allí estaban ella, su marido y su pequeño. Tiene dos años y medio y está para comérselo.
Ella es una de esas personas que no dejan de sorprenderte. Nos conocimos trabajando hace ya casi seis años. La verdad que un principio no conectamos nada. Luego poco a poco nuestra relación se fue relajando. Cuando nos despidieron, nos echaron a cinco a la vez, quedábamos de vez en cuando. Al final, es la única con la que mantengo contacto hoy en día. Las dos somos un poco parecidas en ese aspecto, no necesitamos estar llamando continuamente a la gente, ni quedamos todas las semanas pero sabemos que está ahí. Y poco a poco nuestra amistad se ha ido fortaleciendo y es una de las personas que más me está ayudando en estos momentos.
Ella es muy sincera, dice las cosas como las siente y nunca te va a decir algo que quieras oir, si no lo que realmente piensa.
Después de enseñarme el local, explicarme todos los tratamientos que tienen, jugar un poco con el nene, tomar algo y preguntarme con pelos y señales todas mis últimas novedades respecto al tratamiento, aunque siempre está informada al día, me confesó que está embarazada. Me lo dijo muy suave, y casi avergonzada. Está en el segundo trimentre y no había sido capaz antes de decírmelo. Pensaba que me podía doler. Cuando vio mi alegría, la verdad que totalmente sincera, me preguntó nuevamente con cautela a ver si me podía enseñar la ecografía. Pues claro que sí! Y bueno, vi a su pequeñín, muy pequeñin, y me estuvieron explicando esto es la cabeza, esto el corazón...
Yo también me sorprendí a mi misma. Estaba esperando que este momento llegara, porque tengo varias amigas que están buscando embarazo. Pero no pensaba que me iba a hacer tanta ilusión, con un poco de envidia, lo confieso. Pero envidia sana.
Como cada vez que se lo proponen, aciertan, pues ya entre bromas le pedí prestado a su marido, a ver qué podiamos hacer.
Ya es la segunda vez que se me adelanta. El niño, tiene el mismo nombre que yo tengo decidido para mi hijo. Y ahora, se embarazan antes que yo.
Algo me dice que compartiremos paseos con barriguitas. De momento, bien por mi, me pongo una medalla. Prueba superada.
Ella es una de esas personas que no dejan de sorprenderte. Nos conocimos trabajando hace ya casi seis años. La verdad que un principio no conectamos nada. Luego poco a poco nuestra relación se fue relajando. Cuando nos despidieron, nos echaron a cinco a la vez, quedábamos de vez en cuando. Al final, es la única con la que mantengo contacto hoy en día. Las dos somos un poco parecidas en ese aspecto, no necesitamos estar llamando continuamente a la gente, ni quedamos todas las semanas pero sabemos que está ahí. Y poco a poco nuestra amistad se ha ido fortaleciendo y es una de las personas que más me está ayudando en estos momentos.
Ella es muy sincera, dice las cosas como las siente y nunca te va a decir algo que quieras oir, si no lo que realmente piensa.
Después de enseñarme el local, explicarme todos los tratamientos que tienen, jugar un poco con el nene, tomar algo y preguntarme con pelos y señales todas mis últimas novedades respecto al tratamiento, aunque siempre está informada al día, me confesó que está embarazada. Me lo dijo muy suave, y casi avergonzada. Está en el segundo trimentre y no había sido capaz antes de decírmelo. Pensaba que me podía doler. Cuando vio mi alegría, la verdad que totalmente sincera, me preguntó nuevamente con cautela a ver si me podía enseñar la ecografía. Pues claro que sí! Y bueno, vi a su pequeñín, muy pequeñin, y me estuvieron explicando esto es la cabeza, esto el corazón...
Yo también me sorprendí a mi misma. Estaba esperando que este momento llegara, porque tengo varias amigas que están buscando embarazo. Pero no pensaba que me iba a hacer tanta ilusión, con un poco de envidia, lo confieso. Pero envidia sana.
Como cada vez que se lo proponen, aciertan, pues ya entre bromas le pedí prestado a su marido, a ver qué podiamos hacer.
Ya es la segunda vez que se me adelanta. El niño, tiene el mismo nombre que yo tengo decidido para mi hijo. Y ahora, se embarazan antes que yo.
Algo me dice que compartiremos paseos con barriguitas. De momento, bien por mi, me pongo una medalla. Prueba superada.
miércoles, 23 de marzo de 2011
EL SIETE
Dicen que el siete es un número mágico, siete días de la semana, siete colores del arco iris, siete notas musicales...
Mágico o no, siempre ha sido mi número preferido. Yo nací en un día siete, siempre me han llamado la atención los números primos (esto es un poco friki) y bueno, de pequeña quería tener siete hijos!
Sí, quería ser maestra y tener siete hijos. Siete me parecía un número estupendo para que no pasara como en mi casa, que eramos dos niños y una niña, y me encontraba muchas veces sola. Además, como los números pares no me gustaban, pues el siete me parecía una muy buena opción.
Claro, con el paso del tiempo fui cambiando de idea, en lo de maestra y lo de los hijos. Pero seguí teniendo claro que quería tenerlos joven, como mi madre.
Así que como mi madre, me eché un novio joven y me casé joven. A los 24 años estaba divorciada...
Entonces, me fueron cambiando muchas ideas, muchos pensamientos y valores y veía como los sueños uno tras otro iban cayendo.
Además de esto, tenía un negocio que no iba nada bien, así que me vi obligada a volver a casa de mis padres, con todo lo que eso conlleva. Y mis padres son estupendos y lo han hecho muy bien, pero es muy duro. Vivir tanto en tan poco tiempo.
Cuando me fui centrando, teniendo en cuenta que me costó superar el duelo casi dos años, me fui convirtiendo en otra persona, más sociable, más fuerte, más realista y más independiente. Pasé una temporadita en Dublín, donde gasté muchos de mis ahorros y no aprendí apenas nada de inglés. Pasé otra temporadita en Madrid, donde sufrí experiencias positivas y una muy negativa y volví a casa.
Entonces ya era yo, con esos cambios añadidos. Ya me encontraba preparada para lo que viniera, menos para el amor. Estaba dispuesta incluso a tener un hijo yo sola si a los treinta todavía no había encontrado a nadie que valiera la pena, o lo pareciera.
No me costó mucho encontrar un trabajo y parecía que bastante estable, y ahí conocí a mi chico. Entonces yo tenía casi veintinueve años. Y me costó, no confiaba mucho y tenía mucho miedo. Pero él tuvo mucha paciencia y me demostró que no me iba a hacer daño. No con palabras, que de esas había oido ya muchas y muchas mentiras, si no, con hechos. Volvieron a florecer mis ganas por ser madre, más fuerte, aunque me veía joven, quería disfrutar, la vida por fin me sonreía y ya había tiempo. Fue pasando el tiempo, y entonces ya sí que era el momento. Entonces me encontré con la negativa de mi chico, él no estaba preparado. Pero ya habíamos hablado de esto no?
Un día, mi madre me confesó, que en un momento dado, se convenció de que jamás le daría nietos. Esto, todavía no lo sabemos, pero yo haré todo lo que esté en mi mano para conseguirlo.
Mi chico y yo, llevamos casi siete años juntos, creo que ya es el momento.
Mágico o no, siempre ha sido mi número preferido. Yo nací en un día siete, siempre me han llamado la atención los números primos (esto es un poco friki) y bueno, de pequeña quería tener siete hijos!
Sí, quería ser maestra y tener siete hijos. Siete me parecía un número estupendo para que no pasara como en mi casa, que eramos dos niños y una niña, y me encontraba muchas veces sola. Además, como los números pares no me gustaban, pues el siete me parecía una muy buena opción.
Claro, con el paso del tiempo fui cambiando de idea, en lo de maestra y lo de los hijos. Pero seguí teniendo claro que quería tenerlos joven, como mi madre.
Así que como mi madre, me eché un novio joven y me casé joven. A los 24 años estaba divorciada...
Entonces, me fueron cambiando muchas ideas, muchos pensamientos y valores y veía como los sueños uno tras otro iban cayendo.
Además de esto, tenía un negocio que no iba nada bien, así que me vi obligada a volver a casa de mis padres, con todo lo que eso conlleva. Y mis padres son estupendos y lo han hecho muy bien, pero es muy duro. Vivir tanto en tan poco tiempo.
Cuando me fui centrando, teniendo en cuenta que me costó superar el duelo casi dos años, me fui convirtiendo en otra persona, más sociable, más fuerte, más realista y más independiente. Pasé una temporadita en Dublín, donde gasté muchos de mis ahorros y no aprendí apenas nada de inglés. Pasé otra temporadita en Madrid, donde sufrí experiencias positivas y una muy negativa y volví a casa.
Entonces ya era yo, con esos cambios añadidos. Ya me encontraba preparada para lo que viniera, menos para el amor. Estaba dispuesta incluso a tener un hijo yo sola si a los treinta todavía no había encontrado a nadie que valiera la pena, o lo pareciera.
No me costó mucho encontrar un trabajo y parecía que bastante estable, y ahí conocí a mi chico. Entonces yo tenía casi veintinueve años. Y me costó, no confiaba mucho y tenía mucho miedo. Pero él tuvo mucha paciencia y me demostró que no me iba a hacer daño. No con palabras, que de esas había oido ya muchas y muchas mentiras, si no, con hechos. Volvieron a florecer mis ganas por ser madre, más fuerte, aunque me veía joven, quería disfrutar, la vida por fin me sonreía y ya había tiempo. Fue pasando el tiempo, y entonces ya sí que era el momento. Entonces me encontré con la negativa de mi chico, él no estaba preparado. Pero ya habíamos hablado de esto no?
Un día, mi madre me confesó, que en un momento dado, se convenció de que jamás le daría nietos. Esto, todavía no lo sabemos, pero yo haré todo lo que esté en mi mano para conseguirlo.
Mi chico y yo, llevamos casi siete años juntos, creo que ya es el momento.
lunes, 21 de marzo de 2011
PARA PODER RECIBIR, HAY QUE SABER DAR.
Este fin de semana ha sido un poco delicado para mi. Primero, la sensación extraña con la que me levanté el sábado, día del padre. Notaba que me faltaba algo.
Después la mañana no fue mejorando.
Somos tres hermanos, yo soy la pequeña. El mayor, se acaba de enamorar. Es un cielo, me cuida como la hermana pequeña que soy, aunque entre los tres apenas nos llevamos cuatro años. Sí, mi madre no perdió el tiempo. Hubo un punto de inflexión en nuestras vidas. El trabajaba en Barcelona, yo sufrí un duro golpe. La distancia en este caso nos unió, y hasta hoy.
Luego está el mediano. Siempre me he llevado bien con él, aunque es diferente a nosotros dos. Es más alegre, más sociable, más bromista, aunque también más despegado. No es tan familiar. Este está casado y es el padre de mi única sobrina.
En fin, el caso es que últimamente están teniendo comportamientos extraños. No debería echar la culpa a mi cuñada, porque tampoco sé a ciencia cierta lo que ocurre en esa casa. Pero desde luego, el fallo mayor es suyo, porque él debería defender a sus padres y hermanos ante todo.
Lleva un tiempo que nos está haciendo algunos feos y bueno, la gota que colmó el vaso, fue este sábado. Ninguno de los dos trabajaba, ni la niña tenía cole, claro, es sábado. Pues decidieron que no iban a venir a comer con nosotros y todavía no sé por qué. El caso es que mi padre, sigue esperando a que su hijo le felicite.
Esto está todo resumido y cuando lo hablo o lo escribo me hace pensar que soy una egoista, que no será para tanto y que me monto unas pataletas horribles. Pero es un suma y sigue. Y esta vez han tocado a mi padre, que esto sí que no lo voy a tolerar. Mi padre para mi es lo más grande de este mundo y no voy a permitir que nadie le haga daño.
Total que mi chico y yo nos habíamos preparado una velada romántica-sensual, cenita, vino, para relajarnos y disfrutarnos, que nuestra vida es un continuo estrés de emociones. La cena estaba deliciosa, pero nos dieron las tantas hablando ,porque yo no estaba de ánimo. Finalmente, me quedé dormida en el sofá.
El domingo no mejoró mucho el tema y hoy me he levantado melancólica, triste, llorosa.
Creo que necesito gritar, llorar, patalear. Llevo demasiada carga encima.
Y tengo miedo. En breve retomamos el tratamiento, la transferencia de nuestros pingüinitos, y estoy nerviosa, deseando que llegue pero temiendo malos resultados.
El fin de semana nos vamos. Necesitamos desconectar.
Después la mañana no fue mejorando.
Somos tres hermanos, yo soy la pequeña. El mayor, se acaba de enamorar. Es un cielo, me cuida como la hermana pequeña que soy, aunque entre los tres apenas nos llevamos cuatro años. Sí, mi madre no perdió el tiempo. Hubo un punto de inflexión en nuestras vidas. El trabajaba en Barcelona, yo sufrí un duro golpe. La distancia en este caso nos unió, y hasta hoy.
Luego está el mediano. Siempre me he llevado bien con él, aunque es diferente a nosotros dos. Es más alegre, más sociable, más bromista, aunque también más despegado. No es tan familiar. Este está casado y es el padre de mi única sobrina.
En fin, el caso es que últimamente están teniendo comportamientos extraños. No debería echar la culpa a mi cuñada, porque tampoco sé a ciencia cierta lo que ocurre en esa casa. Pero desde luego, el fallo mayor es suyo, porque él debería defender a sus padres y hermanos ante todo.
Lleva un tiempo que nos está haciendo algunos feos y bueno, la gota que colmó el vaso, fue este sábado. Ninguno de los dos trabajaba, ni la niña tenía cole, claro, es sábado. Pues decidieron que no iban a venir a comer con nosotros y todavía no sé por qué. El caso es que mi padre, sigue esperando a que su hijo le felicite.
Esto está todo resumido y cuando lo hablo o lo escribo me hace pensar que soy una egoista, que no será para tanto y que me monto unas pataletas horribles. Pero es un suma y sigue. Y esta vez han tocado a mi padre, que esto sí que no lo voy a tolerar. Mi padre para mi es lo más grande de este mundo y no voy a permitir que nadie le haga daño.
Total que mi chico y yo nos habíamos preparado una velada romántica-sensual, cenita, vino, para relajarnos y disfrutarnos, que nuestra vida es un continuo estrés de emociones. La cena estaba deliciosa, pero nos dieron las tantas hablando ,porque yo no estaba de ánimo. Finalmente, me quedé dormida en el sofá.
El domingo no mejoró mucho el tema y hoy me he levantado melancólica, triste, llorosa.
Creo que necesito gritar, llorar, patalear. Llevo demasiada carga encima.
Y tengo miedo. En breve retomamos el tratamiento, la transferencia de nuestros pingüinitos, y estoy nerviosa, deseando que llegue pero temiendo malos resultados.
El fin de semana nos vamos. Necesitamos desconectar.
viernes, 18 de marzo de 2011
FELIZ DIA DEL PADRE
Había días que al levantarnos ya había salido y al acostarnos todavía no había llegado. Los pocos ratos que coincidiamos, lo veíamos serio, cansado y a veces, incluso malhumorado.
Era un hombre a una nariz pegado, un hombre alto y delgado, de tez morena y pelo cano.
No era malo, pero se le respetaba. Su descanso era lo más importante. En la hora de la siesta ni las moscas volaban.
Sin embargo, los recuerdos no son malos. El rato que nos dedicaba siempre era agradable. Bromeaba con nosotros, nos contaba historias. Recuerdo que me cogía a los hombros, y desde allí arriba yo me sentía importante, poderosa.
Cuando viajábamos al pueblo, a ver a abuela, siempre me cogía de la mano. Nos tomábamos todos los refrescos que quisiéramos, hasta terminar empachados. Y allí, en la garganta, nadabamos juntos. Creo que él me enseñó a nadar.
Según fuimos creciendo, buscábamos más libertad y eso ya le empezó a costar. Tuvimos nuestros más y nuestros menos, nuestra relación ya no era fácil, era tensa, pero yo seguía queríendole como cuando tenía 7 años.
Entonces, cayó enfermo. Aquello nos descolocó a todos. Yo pensaba que lo perdía sin haber podido tener una conversación relajada con él. Me costó ir al hospital, no podía soportar la idea de verle allí tumbado, entubado, quieto... Pero me hizo llamar. Algo empezaba a cambiar.
Gracias al cielo, se recuperó. Desde los últimos días de hospitalización, ya habíamos notado el cambio. Comía macarrones!! nunca los quiso en casa porque decía que era cosas de niños. Algo había pasado esas dos semanas.
Entonces se convirtió en una más grande persona si cabe. Dejó de fumar, bueno, no volvió a fumar y comenzó a engordar. El gesto también le había cambiado, sonreía más. Empezó a ser cariñoso con nosotros y a implicarse ya en nuestras cosas.
Y desde entonces es el padre más maravilloso del mundo. Siempre tiene una palabra de ánimo, un beso, una sonrisa. Su lema en la vida es: si tú estás bien, yo estoy bien.
No se preocupa, no le afectan las cosas demasiado y tiene ese ritmo del que pueden disfrutar los jubilados felices. Siempre sonriente, siempre moreno. Ahora cocina, lava y barre. Y habla, habla hasta por los codos.Cuando me dicen, eres igual que tu padre. Yo, orgullosa respondo: no, él es más guapo.
Felicidades Aita. Te quiero mucho.
jueves, 17 de marzo de 2011
MANIAS
Manía o superstición. El caso es que no me gusta adelantar acontecimientos.
Reconozco que a veces me dejo llevar por la euforia y lo hago, pero enseguida rectifico.
Recuerdo cuando era pequeña que no me gustaba celebrar el cumpleaños antes de tiempo. O lo hacíamos el mismo día, cuando hacíamos merendolas en casa, o ya siendo más mayorcita, esperaba al sábado o domingo siguiente.
Es más, hubo unos años incluso, que no permitía que nadie me felicitara antes de las ocho y media de la tarde, que era la hora en la que me contó mi madre que había nacido. Esto, se me pasó, por supuesto.
Tampoco me hacía mucha gracia hacer planes a largo plazo.
Mientras estudiaba, yo quería ir paso a paso, no pensar en que el curso estaba más que superado. Quería ir superando examen a examen, prueba a prueba. Y hasta que no tuviera las notas, no celebraba nada aún sabiendo de antemano qué había hecho.
Hubo un momento de mi vida, en el que pensaba que ya todo estaba atado, y entonces reconozco que me emocioné. Soñé, organicé y adelanté todo lo habido y por haber, entonces vino la vida y me castigó.
Después de este trago, volví a poner los pies en el suelo.
Cuando empecé con mi chico, la carga de mi mochila era tal, que no me permitía hacer ningún plan más allá de un par de semanas o un mes a lo sumo. Tampoco el trabajo me ha ayudado, porque siempre he andado un poco de allá para acá, trabajos temporales, contratos interrumpidos o negocios fracasados.
Mi chico es el que está consiguiendo que relaje un poco. Él casi desde el principio, hacía previsiones inocentemente, pero más allá de diez o veinte años. A mi me daba vértigo solo de pensarlo, tenía todavía demasiado miedo. Pero ha conseguido ablandarme, sobre todo cuando sentencia "cuando seamos viejecitos", dando por hecho que estaremos los dos, que él seguirá a mi lado.
Ayer coincidí con una amiga que me confesó que no me haría ningún regalo para el bebé, hasta que hubiera nacido. Y entonces recordé, que hace más o menos un año, cuando pensaba que todo sería más fácil, compré una camisetita rosa para mi sobrina, con el pecho impreso "¡VOY A TENER UN PRIMO!".
La camiseta sigue guardada en un cajón de mi oficina. Sería la mejor manera de que llegara la noticia a toda la familia, con el simple gesto de ponérsela.
Mi sobrina ahora ya sabe leer y creo, que la camiseta le va a quedar pequeña.
Aprovecho para mostrar mi admiración por el pueblo japonés. Me sorprendía estos días de la manera que llevan la catástrofe que les ha azotado. Y en ninguna entrevista, ninguna noticia, vi a nadie llorando, gritando o pataleando. En su escapada hacia el sur del pais, hacen cola pacientemente en las estaciones de trenes, sin aglomeraciones, ni empujones ni protestas. Hablaba ayer una profesora de un colegio, los niños siguen yendo a clase, porque ante todo, les enseñamos el respeto a los demás. Si yo lloro, contagio al resto. Si grito, molesto. Mis padres ya están sufriendo bastante, luego mi obligación es acudir al colegio.
Un alto cargo, no recuerdo cuál era el cargo, mucho menos el nombre, sentenció: los japoneses lloramos por dentro.
Reconozco que a veces me dejo llevar por la euforia y lo hago, pero enseguida rectifico.
Recuerdo cuando era pequeña que no me gustaba celebrar el cumpleaños antes de tiempo. O lo hacíamos el mismo día, cuando hacíamos merendolas en casa, o ya siendo más mayorcita, esperaba al sábado o domingo siguiente.
Es más, hubo unos años incluso, que no permitía que nadie me felicitara antes de las ocho y media de la tarde, que era la hora en la que me contó mi madre que había nacido. Esto, se me pasó, por supuesto.
Tampoco me hacía mucha gracia hacer planes a largo plazo.
Mientras estudiaba, yo quería ir paso a paso, no pensar en que el curso estaba más que superado. Quería ir superando examen a examen, prueba a prueba. Y hasta que no tuviera las notas, no celebraba nada aún sabiendo de antemano qué había hecho.
Hubo un momento de mi vida, en el que pensaba que ya todo estaba atado, y entonces reconozco que me emocioné. Soñé, organicé y adelanté todo lo habido y por haber, entonces vino la vida y me castigó.
Después de este trago, volví a poner los pies en el suelo.
Cuando empecé con mi chico, la carga de mi mochila era tal, que no me permitía hacer ningún plan más allá de un par de semanas o un mes a lo sumo. Tampoco el trabajo me ha ayudado, porque siempre he andado un poco de allá para acá, trabajos temporales, contratos interrumpidos o negocios fracasados.
Mi chico es el que está consiguiendo que relaje un poco. Él casi desde el principio, hacía previsiones inocentemente, pero más allá de diez o veinte años. A mi me daba vértigo solo de pensarlo, tenía todavía demasiado miedo. Pero ha conseguido ablandarme, sobre todo cuando sentencia "cuando seamos viejecitos", dando por hecho que estaremos los dos, que él seguirá a mi lado.
Ayer coincidí con una amiga que me confesó que no me haría ningún regalo para el bebé, hasta que hubiera nacido. Y entonces recordé, que hace más o menos un año, cuando pensaba que todo sería más fácil, compré una camisetita rosa para mi sobrina, con el pecho impreso "¡VOY A TENER UN PRIMO!".
La camiseta sigue guardada en un cajón de mi oficina. Sería la mejor manera de que llegara la noticia a toda la familia, con el simple gesto de ponérsela.
Mi sobrina ahora ya sabe leer y creo, que la camiseta le va a quedar pequeña.
Aprovecho para mostrar mi admiración por el pueblo japonés. Me sorprendía estos días de la manera que llevan la catástrofe que les ha azotado. Y en ninguna entrevista, ninguna noticia, vi a nadie llorando, gritando o pataleando. En su escapada hacia el sur del pais, hacen cola pacientemente en las estaciones de trenes, sin aglomeraciones, ni empujones ni protestas. Hablaba ayer una profesora de un colegio, los niños siguen yendo a clase, porque ante todo, les enseñamos el respeto a los demás. Si yo lloro, contagio al resto. Si grito, molesto. Mis padres ya están sufriendo bastante, luego mi obligación es acudir al colegio.
Un alto cargo, no recuerdo cuál era el cargo, mucho menos el nombre, sentenció: los japoneses lloramos por dentro.
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