Este fin de semana ha sido un poco delicado para mi. Primero, la sensación extraña con la que me levanté el sábado, día del padre. Notaba que me faltaba algo.
Después la mañana no fue mejorando.
Somos tres hermanos, yo soy la pequeña. El mayor, se acaba de enamorar. Es un cielo, me cuida como la hermana pequeña que soy, aunque entre los tres apenas nos llevamos cuatro años. Sí, mi madre no perdió el tiempo. Hubo un punto de inflexión en nuestras vidas. El trabajaba en Barcelona, yo sufrí un duro golpe. La distancia en este caso nos unió, y hasta hoy.
Luego está el mediano. Siempre me he llevado bien con él, aunque es diferente a nosotros dos. Es más alegre, más sociable, más bromista, aunque también más despegado. No es tan familiar. Este está casado y es el padre de mi única sobrina.
En fin, el caso es que últimamente están teniendo comportamientos extraños. No debería echar la culpa a mi cuñada, porque tampoco sé a ciencia cierta lo que ocurre en esa casa. Pero desde luego, el fallo mayor es suyo, porque él debería defender a sus padres y hermanos ante todo.
Lleva un tiempo que nos está haciendo algunos feos y bueno, la gota que colmó el vaso, fue este sábado. Ninguno de los dos trabajaba, ni la niña tenía cole, claro, es sábado. Pues decidieron que no iban a venir a comer con nosotros y todavía no sé por qué. El caso es que mi padre, sigue esperando a que su hijo le felicite.
Esto está todo resumido y cuando lo hablo o lo escribo me hace pensar que soy una egoista, que no será para tanto y que me monto unas pataletas horribles. Pero es un suma y sigue. Y esta vez han tocado a mi padre, que esto sí que no lo voy a tolerar. Mi padre para mi es lo más grande de este mundo y no voy a permitir que nadie le haga daño.
Total que mi chico y yo nos habíamos preparado una velada romántica-sensual, cenita, vino, para relajarnos y disfrutarnos, que nuestra vida es un continuo estrés de emociones. La cena estaba deliciosa, pero nos dieron las tantas hablando ,porque yo no estaba de ánimo. Finalmente, me quedé dormida en el sofá.
El domingo no mejoró mucho el tema y hoy me he levantado melancólica, triste, llorosa.
Creo que necesito gritar, llorar, patalear. Llevo demasiada carga encima.
Y tengo miedo. En breve retomamos el tratamiento, la transferencia de nuestros pingüinitos, y estoy nerviosa, deseando que llegue pero temiendo malos resultados.
El fin de semana nos vamos. Necesitamos desconectar.
Leí en algún sitio, que los nacidos bajo el signo acuario tenemos sapos en los bolsillos y estrellas en los ojos. Mi vida ahora es un poco así, los sapos feos, como la realidad en la que vivimos. Las estrellas, esperanza de que lo vamos a conseguir. Dos acuarios unidos en una lucha: la infertilidad.
lunes, 21 de marzo de 2011
viernes, 18 de marzo de 2011
FELIZ DIA DEL PADRE
Había días que al levantarnos ya había salido y al acostarnos todavía no había llegado. Los pocos ratos que coincidiamos, lo veíamos serio, cansado y a veces, incluso malhumorado.
Era un hombre a una nariz pegado, un hombre alto y delgado, de tez morena y pelo cano.
No era malo, pero se le respetaba. Su descanso era lo más importante. En la hora de la siesta ni las moscas volaban.
Sin embargo, los recuerdos no son malos. El rato que nos dedicaba siempre era agradable. Bromeaba con nosotros, nos contaba historias. Recuerdo que me cogía a los hombros, y desde allí arriba yo me sentía importante, poderosa.
Cuando viajábamos al pueblo, a ver a abuela, siempre me cogía de la mano. Nos tomábamos todos los refrescos que quisiéramos, hasta terminar empachados. Y allí, en la garganta, nadabamos juntos. Creo que él me enseñó a nadar.
Según fuimos creciendo, buscábamos más libertad y eso ya le empezó a costar. Tuvimos nuestros más y nuestros menos, nuestra relación ya no era fácil, era tensa, pero yo seguía queríendole como cuando tenía 7 años.
Entonces, cayó enfermo. Aquello nos descolocó a todos. Yo pensaba que lo perdía sin haber podido tener una conversación relajada con él. Me costó ir al hospital, no podía soportar la idea de verle allí tumbado, entubado, quieto... Pero me hizo llamar. Algo empezaba a cambiar.
Gracias al cielo, se recuperó. Desde los últimos días de hospitalización, ya habíamos notado el cambio. Comía macarrones!! nunca los quiso en casa porque decía que era cosas de niños. Algo había pasado esas dos semanas.
Entonces se convirtió en una más grande persona si cabe. Dejó de fumar, bueno, no volvió a fumar y comenzó a engordar. El gesto también le había cambiado, sonreía más. Empezó a ser cariñoso con nosotros y a implicarse ya en nuestras cosas.
Y desde entonces es el padre más maravilloso del mundo. Siempre tiene una palabra de ánimo, un beso, una sonrisa. Su lema en la vida es: si tú estás bien, yo estoy bien.
No se preocupa, no le afectan las cosas demasiado y tiene ese ritmo del que pueden disfrutar los jubilados felices. Siempre sonriente, siempre moreno. Ahora cocina, lava y barre. Y habla, habla hasta por los codos.Cuando me dicen, eres igual que tu padre. Yo, orgullosa respondo: no, él es más guapo.
Felicidades Aita. Te quiero mucho.
jueves, 17 de marzo de 2011
MANIAS
Manía o superstición. El caso es que no me gusta adelantar acontecimientos.
Reconozco que a veces me dejo llevar por la euforia y lo hago, pero enseguida rectifico.
Recuerdo cuando era pequeña que no me gustaba celebrar el cumpleaños antes de tiempo. O lo hacíamos el mismo día, cuando hacíamos merendolas en casa, o ya siendo más mayorcita, esperaba al sábado o domingo siguiente.
Es más, hubo unos años incluso, que no permitía que nadie me felicitara antes de las ocho y media de la tarde, que era la hora en la que me contó mi madre que había nacido. Esto, se me pasó, por supuesto.
Tampoco me hacía mucha gracia hacer planes a largo plazo.
Mientras estudiaba, yo quería ir paso a paso, no pensar en que el curso estaba más que superado. Quería ir superando examen a examen, prueba a prueba. Y hasta que no tuviera las notas, no celebraba nada aún sabiendo de antemano qué había hecho.
Hubo un momento de mi vida, en el que pensaba que ya todo estaba atado, y entonces reconozco que me emocioné. Soñé, organicé y adelanté todo lo habido y por haber, entonces vino la vida y me castigó.
Después de este trago, volví a poner los pies en el suelo.
Cuando empecé con mi chico, la carga de mi mochila era tal, que no me permitía hacer ningún plan más allá de un par de semanas o un mes a lo sumo. Tampoco el trabajo me ha ayudado, porque siempre he andado un poco de allá para acá, trabajos temporales, contratos interrumpidos o negocios fracasados.
Mi chico es el que está consiguiendo que relaje un poco. Él casi desde el principio, hacía previsiones inocentemente, pero más allá de diez o veinte años. A mi me daba vértigo solo de pensarlo, tenía todavía demasiado miedo. Pero ha conseguido ablandarme, sobre todo cuando sentencia "cuando seamos viejecitos", dando por hecho que estaremos los dos, que él seguirá a mi lado.
Ayer coincidí con una amiga que me confesó que no me haría ningún regalo para el bebé, hasta que hubiera nacido. Y entonces recordé, que hace más o menos un año, cuando pensaba que todo sería más fácil, compré una camisetita rosa para mi sobrina, con el pecho impreso "¡VOY A TENER UN PRIMO!".
La camiseta sigue guardada en un cajón de mi oficina. Sería la mejor manera de que llegara la noticia a toda la familia, con el simple gesto de ponérsela.
Mi sobrina ahora ya sabe leer y creo, que la camiseta le va a quedar pequeña.
Aprovecho para mostrar mi admiración por el pueblo japonés. Me sorprendía estos días de la manera que llevan la catástrofe que les ha azotado. Y en ninguna entrevista, ninguna noticia, vi a nadie llorando, gritando o pataleando. En su escapada hacia el sur del pais, hacen cola pacientemente en las estaciones de trenes, sin aglomeraciones, ni empujones ni protestas. Hablaba ayer una profesora de un colegio, los niños siguen yendo a clase, porque ante todo, les enseñamos el respeto a los demás. Si yo lloro, contagio al resto. Si grito, molesto. Mis padres ya están sufriendo bastante, luego mi obligación es acudir al colegio.
Un alto cargo, no recuerdo cuál era el cargo, mucho menos el nombre, sentenció: los japoneses lloramos por dentro.
Reconozco que a veces me dejo llevar por la euforia y lo hago, pero enseguida rectifico.
Recuerdo cuando era pequeña que no me gustaba celebrar el cumpleaños antes de tiempo. O lo hacíamos el mismo día, cuando hacíamos merendolas en casa, o ya siendo más mayorcita, esperaba al sábado o domingo siguiente.
Es más, hubo unos años incluso, que no permitía que nadie me felicitara antes de las ocho y media de la tarde, que era la hora en la que me contó mi madre que había nacido. Esto, se me pasó, por supuesto.
Tampoco me hacía mucha gracia hacer planes a largo plazo.
Mientras estudiaba, yo quería ir paso a paso, no pensar en que el curso estaba más que superado. Quería ir superando examen a examen, prueba a prueba. Y hasta que no tuviera las notas, no celebraba nada aún sabiendo de antemano qué había hecho.
Hubo un momento de mi vida, en el que pensaba que ya todo estaba atado, y entonces reconozco que me emocioné. Soñé, organicé y adelanté todo lo habido y por haber, entonces vino la vida y me castigó.
Después de este trago, volví a poner los pies en el suelo.
Cuando empecé con mi chico, la carga de mi mochila era tal, que no me permitía hacer ningún plan más allá de un par de semanas o un mes a lo sumo. Tampoco el trabajo me ha ayudado, porque siempre he andado un poco de allá para acá, trabajos temporales, contratos interrumpidos o negocios fracasados.
Mi chico es el que está consiguiendo que relaje un poco. Él casi desde el principio, hacía previsiones inocentemente, pero más allá de diez o veinte años. A mi me daba vértigo solo de pensarlo, tenía todavía demasiado miedo. Pero ha conseguido ablandarme, sobre todo cuando sentencia "cuando seamos viejecitos", dando por hecho que estaremos los dos, que él seguirá a mi lado.
Ayer coincidí con una amiga que me confesó que no me haría ningún regalo para el bebé, hasta que hubiera nacido. Y entonces recordé, que hace más o menos un año, cuando pensaba que todo sería más fácil, compré una camisetita rosa para mi sobrina, con el pecho impreso "¡VOY A TENER UN PRIMO!".
La camiseta sigue guardada en un cajón de mi oficina. Sería la mejor manera de que llegara la noticia a toda la familia, con el simple gesto de ponérsela.
Mi sobrina ahora ya sabe leer y creo, que la camiseta le va a quedar pequeña.
Aprovecho para mostrar mi admiración por el pueblo japonés. Me sorprendía estos días de la manera que llevan la catástrofe que les ha azotado. Y en ninguna entrevista, ninguna noticia, vi a nadie llorando, gritando o pataleando. En su escapada hacia el sur del pais, hacen cola pacientemente en las estaciones de trenes, sin aglomeraciones, ni empujones ni protestas. Hablaba ayer una profesora de un colegio, los niños siguen yendo a clase, porque ante todo, les enseñamos el respeto a los demás. Si yo lloro, contagio al resto. Si grito, molesto. Mis padres ya están sufriendo bastante, luego mi obligación es acudir al colegio.
Un alto cargo, no recuerdo cuál era el cargo, mucho menos el nombre, sentenció: los japoneses lloramos por dentro.
miércoles, 16 de marzo de 2011
EL TIEMPO LENTO...
Los mejores días que han hecho, adelanto de la primavera que le llamaban, los pasé en la cama con eso que llamaron gripe.
De ánimo ando bien últimamente, lo que ocurre, es que siento que el tiempo pasa lento, muy lento. Si echo la vista atrás, me doy cuenta de que no, que ya hemos "matado" dos meses y medio de este nuevo año. Sin embargo, desde mi última regla, parece que no pase el tiempo. Y es lo malo de estar esperando algo, que parece que no va a llegar nunca.
Es cierto que sentí lo mismo el mes pasado, que no veía que llegaba nunca el momento de pincharse y luego pasó todo bien rápido.
Ahora, lo que estoy esperando es otra regla. Y una vez llegue, enseguida vamos a por mis pingüinitos. Pero parece que no llega nunca. Entre que no sé cuando me toca, porque soy bastante irregular. Y que seguro, que por esperarla, se empañará en retrasarse.
Añadimos a todo esto que no podemos hacer planes de nada. La gente ya está organizando la Semana Santa. Aquí disfrutamos de cinco días festivos que están muy bien para una escapadita. Pero no sabemos en qué situación estaremos. Si tendremos ya los congeladitos en la barriga, o no. Si ya habrá llegado la beta o no.
Por supuesto que aunque me dieran la opción, no quiero dejar otro mes más para irme de vacaciones tranquila, así que me harán la transferencia cuando toque. Luego ya pensaremos.
Mientras, busco la manera de entretenerme. Y lamentablemente, el trabajo no me ayuda mucho porque esta semana está siendo especialmente tranquila.
Me ayuda un poco a sobrellevarlo mi hermano. Mi hermano, a sus casi cuarenta años, está viviendo, me arriesgaría a decir, el primer enamoramiento de su vida. Yo tengo una relación muy especial con mi hermano, es mi amigo, mi consejero, siempre tirándome para arriba y haciéndome reir, secando mis lágrimas cuando lo he necesitado y bueno, claro, ahora me viene la vuelta. Se pasa el día hablando de su chica, contándome lo que han hecho, como se siente, etc. La verdad, que la mayoría de los sentimientos son nuevos para él, el pasear agarrados de la mano, el compartir el desayuno de los domingos, el sentir que su felicidad depende de la felicidad de ella, de planear vacaciones, presentaciones familiares....
Tengo que reconocer, que las primera semanas, consiguió que los pingüinitos pasaran por momentos a un segundo plano.
lunes, 14 de marzo de 2011
DE EXCURSIÓN
Entre los tratamientos y que he estado enferma, hacía tiempo que no disfrutábamos un fin de semana. Así que por fin, este sábado salimos a cenar. Nos retiramos pronto, que no están los cuerpos para muchos excesos.
Además, teníamos previsto hacer una pequeña excursión el domingo, al Santuario de Lourdes.
Mi madre hacía tiempo que quería ir y mi padre nunca le había acompañado. Ahora mi padre es una persona distinta, pero esta es otra historia.
Mi chico, que también estudió en colegio de curas, pues casi cada año tenía una visita obligada.
Pero yo no había ido nunca, y bueno, nunca está de más conocer lugares, pasar un domingo diferente en familia y así aprovechábamos para probar un poco el coche.
Considero, que independientemente de ser creyente o no, es un lugar interesante de ver. La capilla es impresionante, y luego se puede visitar la gruta donde se supone se apareció la virgen a la niña Bernadette.
Pues bien, es cierto que yo creo en un algo, que hay una fuerza superior que nos ayuda a seguir adelante, a luchar contra la adversidad y a pasar las pruebas duras que nos pone la vida. Aunque no practico por discrepancias con la iglesia (esta también es otra historia)
Mi madre sí, cree, practica y casi cada domingo acude a los oficios. Mi padre y mi chico, pues más bien no.
Pero después de pasar por la gruta, todos coincidimos en que te queda una sensación extraña, hay como mucha fuerza en un trozo de roca. La gente allí deja sus plegarias, se santigua con el agua que corre por la roca y algunos tocaban partes de su cuerpo, supongo donde tenían su dolencia.
Es cierto que tuvimos suerte de que no había mucha gente, ni muchos enfermos, ni muchas pergrinaciones.
Hicimos la vuelta bien rápido. Después de pasar por la gruta, no teníamos palabras. Mi chico me agarraba la mano con fuerza y consiguió que me emocionara.
Aproveché para pedirle a la virgen el milagrito. Al menos, ya que hemos ido hasta allí, que no quede.
Además, teníamos previsto hacer una pequeña excursión el domingo, al Santuario de Lourdes.
Mi madre hacía tiempo que quería ir y mi padre nunca le había acompañado. Ahora mi padre es una persona distinta, pero esta es otra historia.
Mi chico, que también estudió en colegio de curas, pues casi cada año tenía una visita obligada.
Pero yo no había ido nunca, y bueno, nunca está de más conocer lugares, pasar un domingo diferente en familia y así aprovechábamos para probar un poco el coche.
Considero, que independientemente de ser creyente o no, es un lugar interesante de ver. La capilla es impresionante, y luego se puede visitar la gruta donde se supone se apareció la virgen a la niña Bernadette.
Pues bien, es cierto que yo creo en un algo, que hay una fuerza superior que nos ayuda a seguir adelante, a luchar contra la adversidad y a pasar las pruebas duras que nos pone la vida. Aunque no practico por discrepancias con la iglesia (esta también es otra historia)
Mi madre sí, cree, practica y casi cada domingo acude a los oficios. Mi padre y mi chico, pues más bien no.
Pero después de pasar por la gruta, todos coincidimos en que te queda una sensación extraña, hay como mucha fuerza en un trozo de roca. La gente allí deja sus plegarias, se santigua con el agua que corre por la roca y algunos tocaban partes de su cuerpo, supongo donde tenían su dolencia.
Es cierto que tuvimos suerte de que no había mucha gente, ni muchos enfermos, ni muchas pergrinaciones.
Hicimos la vuelta bien rápido. Después de pasar por la gruta, no teníamos palabras. Mi chico me agarraba la mano con fuerza y consiguió que me emocionara.
Aproveché para pedirle a la virgen el milagrito. Al menos, ya que hemos ido hasta allí, que no quede.
jueves, 10 de marzo de 2011
FELICIDADES AMOÑA!!
En mi tierra llamamos así a las abuelas, aunque yo hace mucho tiempo empecé a llamar agüeli, porque le picaba. Con el tiempo, se acostumbró, y cada vez que oía esa palabra la relacionaba conmigo.
La señora Luisa, que así le llama su biznieta, mi sobrinilla que es una brujita, pues hoy cumple 83 añazos.
Fue una abuela joven, supongo que antes era lo habitual, lo que le permitió andar conmigo de un lado para otro cuando era pequeña. Me iba a buscar al cole, me llevaba a música, a baile o a donde tocara.
Siempre había una parada en una pastelería de una conocida suya, y me compraba un rascacielos, así lo llamaba yo, un pastel enorme con hojaldre y merengue, mmmm. Esto a escondidas de mi madre, claro, que me había dejado preparado el bocata de chorizo.
Nos encantaba ir a dormir a su casa, a pasar unas mini-vacaciones. Porque allí, hasta los macarrones sabían distinto, eran los mejores!
Siempre ha tenido mucho carácter, nos reñía, aunque como riñen las abuelas, con la sonrisa de medio lado. Y no era muy cariñosa tampoco, no nos achuchaba ni nos llenaba la cara de besos, pero todos la adorabamos.
Hace bastante tiempo que sus piernas no responden como ella quisiera, los dedos torcidos por la artrosis, le impiden hacer todo lo que quisiera. Salir a dar un paseo es un gran esfuerzo y riesgo. Cocinar, planchar,... nada, todo esto le toca a mi abuelo ahora, que por suerte ahí está. Y ahí están los dos desde hace más de sesenta años.
Pero hace cosa de un año, su mente es la que falla. Yo sufrí el alzheimer con mi abuela paterna, acentuado en la gran distancia que nos separaba, creo que se pasó los últimos diez años sin saber quienes éramos.
Pero la señora Luisa no, está aquí cerquita. El año pasado, me preguntó qué tal me iba por Barcelona. Me empezaron a temblar las piernas, las lágrimas querían saltar a mis ojos, pero me hice fuerte, y le respondí con una sonrisa, -la de barcelona es mi prima!.
Entonces, no se si a consecuencia de esto o de su enfermedad, hay algo más fuerte entre nosotras todavía. Siempre, siempre pregunta por mi. Y cuando nos vemos, me besa, todos los besos que no me dio de pequeña. Me coge las manos, me mira a los ojos y me sonríe. Esto, al contrario de lo que pareciera, me relaja, me deja muy tranquila, es como pensar que ella sigue ahí protegiéndome, y así va a ser siempre.
Ahora ya no me pregunta por el trabajo, o los estudios, o la casa, o si voy a ser madre. Ahora simplemente me mira, fijamente, me pregunta ¿estás bien?, y acaricia mis manos. Pero este año olvidó felicitarme por el cumpleaños. Siempre era la primera.
Hoy iremos toda la familia a visitarla, como a ella le gusta. Y la besaré, por sus ochenta y tres, por mis trenta y cinco y por todos los besos que no me dio y los que un día dejará de dar.
Lo que más me duele, es que no llegue a ver a sus biznietos. El tiempo se acaba para ella también.
La señora Luisa, que así le llama su biznieta, mi sobrinilla que es una brujita, pues hoy cumple 83 añazos.
Fue una abuela joven, supongo que antes era lo habitual, lo que le permitió andar conmigo de un lado para otro cuando era pequeña. Me iba a buscar al cole, me llevaba a música, a baile o a donde tocara.
Siempre había una parada en una pastelería de una conocida suya, y me compraba un rascacielos, así lo llamaba yo, un pastel enorme con hojaldre y merengue, mmmm. Esto a escondidas de mi madre, claro, que me había dejado preparado el bocata de chorizo.
Nos encantaba ir a dormir a su casa, a pasar unas mini-vacaciones. Porque allí, hasta los macarrones sabían distinto, eran los mejores!
Siempre ha tenido mucho carácter, nos reñía, aunque como riñen las abuelas, con la sonrisa de medio lado. Y no era muy cariñosa tampoco, no nos achuchaba ni nos llenaba la cara de besos, pero todos la adorabamos.
Hace bastante tiempo que sus piernas no responden como ella quisiera, los dedos torcidos por la artrosis, le impiden hacer todo lo que quisiera. Salir a dar un paseo es un gran esfuerzo y riesgo. Cocinar, planchar,... nada, todo esto le toca a mi abuelo ahora, que por suerte ahí está. Y ahí están los dos desde hace más de sesenta años.
Pero hace cosa de un año, su mente es la que falla. Yo sufrí el alzheimer con mi abuela paterna, acentuado en la gran distancia que nos separaba, creo que se pasó los últimos diez años sin saber quienes éramos.
Pero la señora Luisa no, está aquí cerquita. El año pasado, me preguntó qué tal me iba por Barcelona. Me empezaron a temblar las piernas, las lágrimas querían saltar a mis ojos, pero me hice fuerte, y le respondí con una sonrisa, -la de barcelona es mi prima!.
Entonces, no se si a consecuencia de esto o de su enfermedad, hay algo más fuerte entre nosotras todavía. Siempre, siempre pregunta por mi. Y cuando nos vemos, me besa, todos los besos que no me dio de pequeña. Me coge las manos, me mira a los ojos y me sonríe. Esto, al contrario de lo que pareciera, me relaja, me deja muy tranquila, es como pensar que ella sigue ahí protegiéndome, y así va a ser siempre.
Ahora ya no me pregunta por el trabajo, o los estudios, o la casa, o si voy a ser madre. Ahora simplemente me mira, fijamente, me pregunta ¿estás bien?, y acaricia mis manos. Pero este año olvidó felicitarme por el cumpleaños. Siempre era la primera.
Hoy iremos toda la familia a visitarla, como a ella le gusta. Y la besaré, por sus ochenta y tres, por mis trenta y cinco y por todos los besos que no me dio y los que un día dejará de dar.
Lo que más me duele, es que no llegue a ver a sus biznietos. El tiempo se acaba para ella también.
martes, 8 de marzo de 2011
SE ME ACABARON LAS FUERZAS
La semana pasada empecé a notar un dolor en la parte baja de la espalda. El lunes, ya me costaba moverme, levantarme de la silla, incluso reirme era doloroso. Pues el lunes a la noche, creyendo yo que me había acostado bien, me pasé toda la noche tiritando, dando vueltas, sudando y con pesadillas. Me levanté a mi hora, cansada, agotada, intenté meterme en la ducha, y mi cuerpo dijo basta. Mareos, vómitos y a la cama. Durante la mañana no me bajó ni una décima la fiebre así que mi chico decidió llevarme a urgencias.
Después de muchas pruebas, pues el dolor de espalda estaba muy focalizado a la altura del riñón derecho, decidieron mandarme a casa, gripe.
En cuanto al diagnóstico, tengo que decir que no soy médico, pero no estoy yo muy convencida de que haya sido gripe. Para empezar, como es lógico, no es la primera vez que sufro una gripe en mi vida, y desde luego, no ha sido como esta. No he tenido ni estornudos, ni dolor de garganta, ni tos, ni mocos. Quizá haya una variante de la gripe así.
Mientras me hacían las pruebas, allí tirada tiritando en una camilla, me pasaba por la cabeza miles de cosas. Sobre todo, por el dolor del riñón y de tripa al auscultarme, pensé en algún problema derivado de mi hisperestimulación, alguna infección derivada de la punción, o algo de líquido no sé muy bien donde, consecuencia de la medicación. Finalmente, y afortunadamente, todas las pruebas dieron negativas.
Pasé la semana pasada en cama, no por gusto, porque no había fuerzas para nada más. Por suerte, los vómitos remitieron aunque mi estómago ha estado poco receptivo, por lo que he perdido un par de kilos. El viernes me armé de valor y salí, lo que me llevó a pasarme toda la tarde nuevamente en cama y todo el fin de semana en casa. Sufro desde el martes pasado un horrible dolor de cabeza, que sigue acompañándome hoy. No es mi dolor habitual de jaqueca, centralizado en mi ojo derecho, si no un dolor en ambos lados de la cabeza y como a pulsos, pum, pum, pum, sobre todo cuando hago movimientos bruscos o me agacho.
Y llevo desde el martes, sin poder tomar café. Esto es una de las cosas que me molesta bastante, porque soy de tensión baja y puede influir en el dolor de cabeza, y además limita mucho los desayunos. Pero le he cogido tanto asco.
El caso es que, entre siesta y siesta, me vino a la cabeza que cuando era joven, estudiante, después de una época dura de nervios, examenes, estrés, etc. caía enferma. No siempre la misma enfermedad, podría ser anginas, anemia, o lumbago, pero algo ocurría. Mi cuerpo aguantaba firme toda la presión de esos días, yo era muy exigente en mis estudios, lo sigo siendo ahora, pero cuando todo acababa, el cuerpo decía basta. Y siempre necesitaba dos o tres días para recuperar y volver a las clases.
Me pregunto yo si no habrá sido esta fiebre también, consecuencia de mi último tratamiento. Cuando me he relajado, he pensado este mes libre, sin medicación, para salir, entrar, beber, bailar y .... mi cuerpo ha dicho, basta!!
También ha habido quien ha preguntado, sobre todo a mi chico, si estoy embarazada.
Después de muchas pruebas, pues el dolor de espalda estaba muy focalizado a la altura del riñón derecho, decidieron mandarme a casa, gripe.
En cuanto al diagnóstico, tengo que decir que no soy médico, pero no estoy yo muy convencida de que haya sido gripe. Para empezar, como es lógico, no es la primera vez que sufro una gripe en mi vida, y desde luego, no ha sido como esta. No he tenido ni estornudos, ni dolor de garganta, ni tos, ni mocos. Quizá haya una variante de la gripe así.
Mientras me hacían las pruebas, allí tirada tiritando en una camilla, me pasaba por la cabeza miles de cosas. Sobre todo, por el dolor del riñón y de tripa al auscultarme, pensé en algún problema derivado de mi hisperestimulación, alguna infección derivada de la punción, o algo de líquido no sé muy bien donde, consecuencia de la medicación. Finalmente, y afortunadamente, todas las pruebas dieron negativas.
Pasé la semana pasada en cama, no por gusto, porque no había fuerzas para nada más. Por suerte, los vómitos remitieron aunque mi estómago ha estado poco receptivo, por lo que he perdido un par de kilos. El viernes me armé de valor y salí, lo que me llevó a pasarme toda la tarde nuevamente en cama y todo el fin de semana en casa. Sufro desde el martes pasado un horrible dolor de cabeza, que sigue acompañándome hoy. No es mi dolor habitual de jaqueca, centralizado en mi ojo derecho, si no un dolor en ambos lados de la cabeza y como a pulsos, pum, pum, pum, sobre todo cuando hago movimientos bruscos o me agacho.
Y llevo desde el martes, sin poder tomar café. Esto es una de las cosas que me molesta bastante, porque soy de tensión baja y puede influir en el dolor de cabeza, y además limita mucho los desayunos. Pero le he cogido tanto asco.
El caso es que, entre siesta y siesta, me vino a la cabeza que cuando era joven, estudiante, después de una época dura de nervios, examenes, estrés, etc. caía enferma. No siempre la misma enfermedad, podría ser anginas, anemia, o lumbago, pero algo ocurría. Mi cuerpo aguantaba firme toda la presión de esos días, yo era muy exigente en mis estudios, lo sigo siendo ahora, pero cuando todo acababa, el cuerpo decía basta. Y siempre necesitaba dos o tres días para recuperar y volver a las clases.
Me pregunto yo si no habrá sido esta fiebre también, consecuencia de mi último tratamiento. Cuando me he relajado, he pensado este mes libre, sin medicación, para salir, entrar, beber, bailar y .... mi cuerpo ha dicho, basta!!
También ha habido quien ha preguntado, sobre todo a mi chico, si estoy embarazada.
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